Estabas en la puerta, las maletas cerca de tus piernas.Con las manos en los bolsillos. La garganta en silencio. La casa en silencio. El pasillo, incomodo, se aparta, ante mi, para que pase. No, no voy a despedirte. Nunca me gustaron las despedidas, aunque irte sea lo mejor, para ti, para mi.
Llevas el pelo suelto, la mirada suelta, también. Sin mirar al frente. Sin mirar al suelo: en realidad no miras a ninguna parte porque tienes miedo de que tu mirada se pierda por la casa, y no encuentre la salida.
Eres valiente. Aguantas tus lagrimas, tras tus gafas que comienzan a empañarse. Me acerco a ti, como queriendo decirte algo, pero no te digo nada.
Tu me miras, de arriba a bajo, como si quisieras fotografiarme a mi, a ese momento, y me da miedo. Miedo porque lo mejor que haces es salir por esa puerta, y tengo miedo de que quieras volver.
Vete, por favor, te hago con un gesto de mano, que sé que basta en ese momento: porque ese momento es el típico que estás deseando que termine, y no recordar en tu vida. Aunque luego se convierta en el que nunca olvidas.
Cuando ella se va, pase lo que pase, aunque te haya taladrado el alma, aunque te haya fundido a balazos el corazón, sabes, que una parte de ti no quiere que se vaya. Pero es mejor que esa puerta se cierre con ella fuera, es lo mejor, el futuro lo dirá, si es que existe ese futuro.
Y estás allí y maldita sea, quisiera empujarte, y lanzar tus maletas por las escaleras. Pero no puedo. Tanto tiempo dibujando en tus ojos sonrisas. No puedo. Por un momento mi corazón se disfraza y podría escribirte el poema más bonito de este mundo; decirte que te quedes, que lo nuestro puede convertirse en la historia de amor más bonita que nadie jamás haya contado. Parece que sonrías. Siempre he pensado que eres la persona que más me conoce sobre la faz de la tierra, a pesar de eso ahora, daría lo que fuese por verte ir.
Me acerco a ti, te cojo de las manos, que por fin consigo que saques de los bolsillos, con tan solo mirarlas. Las cojo y despacio te pido que te vayas, que cojas tus maletas y te vayas.
Suspiras. Y parece que con uno de esos suspiros me vayas a llevar contigo.
Me tienes que decir algo, me dices. Lo acepto, te pregunto que es eso que me tienes que decir.
Que te has llevado toda la ropa y todos los regalos que me has comprado a lo largo de todo este tiempo. Quedo quieta, sin comprender el porqué. Pero ahora, a estas alturas, lo material me da igual. Por eso te digo, de forma tranquila, que no pasa nada.
No sé, pienso para mis adentros que quizá me dirías que me vas a echar mucho de menos, que no se me olvide echarle cada día, de comer al perro, o que no olvide de tomarme la pastilla. Pero no. Me dices que te llevas todo lo que me has comprado, por mis cumpleaños, nuestros aniversarios, y demás, en tu maleta. Y a estas alturas todo eso me da igual.
Te miro y no veo nada más que una desconocida ante mis ojos. Y solo deseo que cojas tus maletas y salgas por la puerta ,y no mires atrás.
Marlango-Vete (Malas temporadas)
Vete
Te sigo debiendo muchos post
Todo parece un sueño:
Los días van pasando y sigues a mi lado. Sigo con esa sensación dentro de mi: esa sensación: como si te conociese de hace años. Y creo que es porque te llevaba soñando y buscando mucho tiempo. Imaginando a alguien como tú.
26 años esperándote creo que han sido suficientes. Todo lo malo ha merecido la pena.
A tu lado encuentro la paz que hace tanto tiempo andaba perdida en mi.
Y es que, mi amor, me he quedado sin sueños, porque ya no tengo que soñarte: ahora estás a mi lado, eres real. Ya no serás un sueño. Ahora te tengo a mi lado, eres de carne y hueso. Piensas. Te mueves.
Y lo más importante: me quieres.
Imaginar una vida contigo a la vez que me hace feliz me hace sentir vértigo. Porque cada día completas más mi puzzle. Vas acoplando las piezas que nadie nunca supo donde se colocaban. Y tu, con amor, lo haces tan bien.
Mi meta es hacerte feliz. Mirarte y que tu sonrisa me deslumbre. Quiero multiplicar cada día lo nuestro.
Quiero que camines de mi mano, a mi lado. Que me dejes cuidarte.Quiero mirarte cada día y recordarte lo guapa que estás. Quiero secuestrarte en la cama: hacerte el amor. Quiero escribir en tu cuerpo nuestros nombres, escribirlo con mis besos y mis caricias.
Te doy las gracias por estos días-meses-y los que están por llegar.
Sabes? mañana será un gran día, como cada día lo es, porque despierto a tu lado. Porque cada noche duermes en mis sueños, y descansa tu cuerpo junto al mio. Me haces tan feliz que no se escribirlo, pero si te puedo mirar y fundirlo en tus ojos.
Casi me detienen por querer coger (para ti) este gran poster que hay en una parada de auto bus:
Hubiese quedado bien al lado del de Lucia y el Sexo, no crees? :o)
Cuando las cosas pasan por algo
Mi abuela, que en paz descanse decía: Después de una cosa mala, llega una buena.
Cosas de viejos, pensaba yo, con apenas 16 años cumplidos. Cuando llegue a vieja diré las mismas cosas que mi abuela, supuse por aquel entonces.
Hace unos 4 meses, mes arriba, mes abajo, mi hermana perdió su móvil, de más de 200 euros en los coches de choque, se cayó del bolsillo. Sí, de ese bolsillo, que ahora las niñas, han inventado; entre la cadera y los pantalones ajustados sin bolsillos, porque la moda es no llevar nada en los bolsillos, por eso, si los pantalones de chica, de adolescente, llevan bolsillos, éstos serán falsos (de adorno) o tan pequeños que no cabrá nada, ni un céntimo.
Lo perdió y se dio cuenta demasiado tarde. Me mosqué mucho. No le eché bronca, esa noche, al día siguiente le dije que como se le ocurría llevarse el móvil, con dos días de vida, de estreno, a la feria, a montarse en los coches de choque. Pero me puso tal cara, que me dio pena y dejé de hundirla en la miseria. Luego la lucha con Vodafone para que me quitaran ese contrato al que me había atado, por mi hermana, durante 18 meses. Al final, mandando la denuncia vía Fax, el contrato se extinguió.
Mi hermana había perdido el Nokia, uno de gama alta, de los mejores, cámara de 2mp, y a todo eso le sumamos que dentro, tenía una tarjeta de memoria de 2Gb. Fue una ruina perder aquel móvil.
Meses más tarde la historia se repite. Pero esta vez parece que al contrario.
Resumo: Mi hermana va a la discoteca, deja su chaqueta en el guarda ropa, le dan un tiket para recoger luego su chaqueta. Salen de la discoteca, pide su chaqueta y le dan la suya y otra más. Lleva las dos chaquetas en la mano, sin darse cuenta. Hasta casi llegar a casa, que se da cuenta que le pesa demasiado la chaqueta y se da cuenta que lleva dos, mete la mano el el bolsillo de la chaqueta que no es suya, que también es azul oscura, como la suya, mete la mano y toca algo duro: es un móvil. Mi hermana, alucinada, no sabe que hacer. Le da la chaqueta a su amiga, y dice en voz alta: un móvil!!!!!!!.
Ciertamente, mi hermana tenía dos opciones, llevar la chaqueta al guarda ropa, devolverla, junto con el móvil, o quedar con todo. Pero mi hermana en esos momentos recuerda aquel día en que perdió su móvil y nadie se lo devolvió. Mi hermana considera eso un robo. Yo le digo que no, no es un robo. Simplemente que ha querido alguien, Dios, quizá, devolverle el móvil que hace meses perdió. El móvil que se había comprado con todos sus ahorros de verano.
No temas -le digo-, quédate ese móvil. Pues solamente una niña con dinero y de papá podía tener ese móvil y esa chaqueta, que todo junto estaba valorado en más de 400 euros (y no exagero).
Es una discoteca de pijas -me dice mi hermana-. Y yo le pregunto: ¿Y que hacías tu allí, si tu no eres pija?. Y me responde: No sé, no lo se muy bien, es la primera y no será la última vez que voy.
Mi hermana duda, sigue nerviosa ¿me lo quedo, no me lo quedo?. Quiere que su hermana mayor le diga QUEDATELO, de una puñetera vez, y dejar de sentirse culpable.
En serio, no temas -le digo- quédate el móvil, a esa niña sus padres le repondrán el móvil y la chaqueta, a ti nadie te lo podía reponer: un verano más trabajando, solo eso te repondría ese móvil.
Mi hermana ha captado la idea. Se lo queda. Ahora está flipando. Se lo lleva al instituto, a que otros niños se lo vean y se lo roben.
Esto es un circulo vicioso. Nada es de nadie. Nada tiene nombre si te descuidas.
Cuando cumples 25 años
Mañana mi gran amiga Atlanthis, cumple sus 25 años. Cumplir años es todo un privilegio en los tiempos que corren. Mantenerte vivo en este mundo, cuando hasta quedarte en casa, mirando la televisión o dándote una ducha es peligroso, porque la ETA puede poner una bomba justo debajo de tu balcón y volar tu casa: tu vida: tus sueños.
Cuando caminar por la calle es cada vez más difícil, porque cada vez somos más. Y algunos te intentan robar, te intentan robar el bolso, o la vida. Y a veces prefieres perder 100 euros a perder la vida por un navajazo que un desquiciado drogadicto con mono de tres días te propina en todo tu estomago.
Me duele. Me hace daño ver a esa gente, que se resguarda del frío invierno, bajo las carreteras, en el metro. Allí, se resguardan, sentados en las escaleras, o dentro, tumbados sobre colchones de cartón y arropados con mantas que recogen de la basura.
Esa es su casa. Y que se atrevan a echarles de allí.
Me dan pena, en serio. A veces me gustaría coger a uno de ellos, llevarle a casa: meterle en la ducha, hacer que se siente en la mesa, que coma todo lo que le apetezca y que duerma, luego, en una cama de verdad. Con esto no te ganarías el cielo, te ganarías su mirada y haberle dado cobijo, comida y cama a un extraño que no es ni más ni menos que persona, como tu y como yo. Solo que el cada noche duerme en la calle, sobre cartones, y tu en tu cama, arropado hasta arriba con el nórdico de plumas de oca.
Recuerdo que cuando yo cumplí mis 25 años me sentía igual que ahora, cuando voy camino de los 27. Porque en realidad mi edad, la edad que consideraba perfecta para todo: eran de los 20 a los 22. Cuando eras todo lo que te proponías ser. Cuando eras más inocente, y más tonta; y gracias a eso vives más cosas. Cuantos más años cumplimos más cosas dejamos de hacer, por miedo a miedos, por que las cosas que ya has vivido años atrás, dices que te han enseñado que eso no se debe hacer. Cuanto de equivocados estamos amigos. Haz lo que te apetezca.
Mírame a mi. Si no me hubiese mojado, si no me hubiese lanzado a venir a Barcelona, por culpa de mi pasado, por culpa de que una vez, algo parecido a esto me salió mal, me habría perdido todas las cosas buenas que me han pasado y me están pasando.
Por eso que deja de pensar en hacer o no hacer todo eso que te propones, o pasa por tu cabeza. Y no haces, por que tus principios no te dejan, o tus recuerdos, o tu misera vida, que dejará de estar hundida en la miseria desde que te lances, desde que tires de la manta que te tapa hasta no dejarte ver.
La vida es esto. Lo otro es un cuento que hace tiempo inventamos.
Nada importante
Creo que llevo unos días que no escribo nada que merezca realmente la pena, lo sé: no vale decir que no.
En el trabajo mucho trabajo, por eso se llama: trabajo (supongo). Llego más cansada de lo normal. Con ganas de hacer todo,y en serio, realmente no hago nada. Creo que he empezado el año boca abajo, que no mal, muy bien, pero boca abajo. Me vuelvo a comer las uñas. Y mes tras mes me prometo tener dinero: y nunca lo tengo.
No sé. Es todo tan relativo. Tan raro. Sí, raro. Raro como dos personas que se empujan dentro del metro, sin motivos, sin más. Porque les apetece. A veces te entran ganas de huir de la humanidad. Sigo sin entender las historias del metro. Esas que se esconden tras los rostros de las personas: tras sus oscuras intenciones.
Tengo que escribir más. Escuchar más canciones de Ismael Serrano. Dibujar: tengo que pintar un cuadro. Quiero terminar de escribir mi libro. Quiero dormir: quiero pensar: quiero secuestrar a esa niña en la cama y no dejarla salir. Todo eso quiero. Pero falta tiempo ¿dónde están los días de 48 horas?. Tanto que prometen los políticos, tanta mierda, tantas mentiras. Pero todo sigue igual.
La ciudad, el mundo, nosotros: las personas, nos movemos a un ritmo acelerado. Convertiremos los días en horas. Ya verás.
Cuando no estás
Cuando no estás en casa busco tu olor hasta encontrarlo. Te espero, sabiendo que siempre llegas, y me miras con esos ojos, con esa mirada tan limpia, que si yo hubiese querido inventar no habría logrado ese efecto.
Cuando no estás miro tus cosas, que se encuentran quietas, en el mismo lugar que las dejaste. Te imagino sentada en tu silla, jugando a tu juego favorito. Y me inundo de alegría al saber que cada día llegas a casa sana y salva: que has sobrevivido a un día más. Y que cerramos el día juntas, que dormimos nuestros sueños tan cerca, que se podrían mezclar entre ellos.
Cuando no estás, sonrío, porque sé que siempre llegas para devolverme la sonrisa. Para mover tus cosas de sitio y para ocupar tu espacio: ese que dejas tan vacío cuando no estás.
Cuando no estás ella y yo, te echamos de menos: infinito:
Corto
Recomiendo este corto:
Mariquita con Perro
En serio, si tenéis tiempo tenéis que verlo.