A tan sólo dos días de irme de la empresa donde he trabajado desde que llegué a Barcelona, he sentido pena. Y me ha dado pena hoy que he mirado el calendario. Hoy, que me he dado cuenta de que se cierra una puerta, de que me lo he pasado muy bien, que he conocido a una gente fantástica, con la que me he reído muchísimo y que sé que siempre recordaré.
Soy cobarde. No sabía que era tan cobarde desde que me he mirado al espejo y he visto mi cara de miedo, de cagada, al saber que la semana que viene comienzo en mi nuevo trabajo: y que la incertidumbre de saber si todo saldrá bien me produce miedo.
Tengo mucho miedo: soy tonta, quizá, más tonta que nunca.
¿De que sirve hacerse la dura? no sirve para nada, soy tan miedosa que podría esconderme ahora mismo debajo de la cama y no salir en mucho rato.
Tengo miedo porque además, se acerca la Navidad. Porque la gente, comprando regalos de Navidad me producen vértigo, porque en realidad, quisiera ser tan robot como ellos: poder yo también comprarles regalos a mi familia. Porque me gustaría involucrarme en la vida de los demás, pero arrastro aún tantas preocupaciones de mi vida. Porque sé que hasta el 2009 no podré deshacerme de ese lastre que llevo encima, desde hace ya un par de años.
Porque desde que me deshaga de ese lastre respiraré y no tendré la soga al cuello cada mes.
Leo en cada lugar, en las luces colgadas en las fachadas de los locales: FELIZ 2008.
Lo siento, a mi, lo que en realidad me gustaría leer es: FELIZ 2009.
Sólo yo y poca gente puede entender este empeño mío de querer que una fecha llegue tan pronto. Y sé que no porque lo deseé llegará antes. Pero adoro el calendario y cada mes que pasa, además de doler se agradece.
Venga, ya queda menos para dejar de hacer tantos números y dejar de desear que los años transcurran rápidos.
Vaya mierda de post, lo sé.
2009 porfavor
Mi Madre me encontrará alguna vez
Hoy mientras cogía el metro para ir al trabajo lo pensaba: Si mi Madre leyese todo lo que escribo en este blog pensaría una vez más que tiene una hija demasiado rara.
Que mi Madre me encontrase no sería ni extraño, ni difícil. Mi Madre está metida en el mundo de Internet, conoce GOOGLE: sabe que me apodo eigual (porque tengo camisetas echas por mi, con mi nombre, en la Cafetería le pusimos mi nombre "eigual" a un bocadillo, y en mi habitación tenía mi nombre colgado por todas partes). Así pues no me extrañaría que un día decidiera introducir mi nombre en el buscador, que millones de personas utilizamos a diario.
Mi Madre, me digo: no es tonta.
Por eso, hoy, lo cuento:
Mis Padres están separados: se separaron hace 8 años. Pero mi Madre, en realidad, quiere a mi Padre, y mi Padre en realidad quiere a mi Madre.
Se ven a escondidas. Son amantes. Mi Madre le espera, y el se escapa para verla a ella, a escondidas. Hacen el amor, alguna vez los intuí en el sótano y los ojos me brillaron: eso es lo que tenéis que hacer - pensé -.
Mi Padre tiene pareja, le puso los cuernos a mi Madre con esa mujer. Una mujer que particularmente lo único que hace es espantar a toda persona humana y normal que se acerca a ella. De hecho a mi, me espantó.
Y ahora las tornas se cambian. Ahora quien tiene los cuernos es la nueva mujer de mi Padre, y no mi Madre. Que la pobre solo hace que esperarle en sus citas: como dos amantes que se quieren y que tienen en común el amor y un montón de hijos.
Ahora Mamá, si me has encontrado puedes seguir pensando que tienes una hija que está loca por contar esto aquí y seguir apostando porque tu y Papá tenéis que terminar juntos otra vez.
Pero dime, ¿porqué no volvéis y todo vuelve a ser como antes? ¿en serio es tan difícil todo? ¿o es que esta aventura de ser amantes es lo que mantiene viva esa llama que sabes y sabemos que nunca se apagará?.
Una Fan
Nunca olvidaré la primera vez que fui a tu casa:
El número 165 de la calle, creo, más larga de Madrid.
Recuerdo que tardé 39 minutos en encontrar tu portal. Recuerdo que te llamé, y te dije que no daba con él. Que me lo había pasado por 10 números.
Tú estabas impaciente: me leías desde hacía 5 años, tenías ganas mil de conocerme en persona. Y ahora, que por fin te habías decidido: que me habías invitado a tu casa, no querías que cualquier cosa hiciese romper tus planes, y esta cita.
-No tardes, o me arrepentiré de haberte invitado y te diré que ya no vengas -me escribiste al móvil-.
Yo estaba totalmente perdida por Madrid. Buscando tu calle, preguntando a la gente donde estaba el número 165. La gente me indicaba mal, es hacía arriba, estos son los números pares, tienes que ir hacia arriba que son impares y crecientes -me dijo un viejo con barba larga-.
Y le hice caso. Gracias a él llegue a tu casa, toqué a tu portero:
-¿Quién es? -preguntaste con voz metalizada, por el altavoz-.
-Soy yo, ¿aún quieres que suba? -dije-.
Te reíste y abriste la puerta. Supuse que eso sería un sí. Subí, vivías en un 5º piso sin ascensor. No me lo podía creer. Subí andando hasta allí. Llegué con el corazón a mil, respirando por boca y nariz a la vez. Tu puerta estaba entreabierta. Toqué con los nudillos de la mano, tres veces. No respondiste. No sabía si entrar, o no, si quedarme esperando a que me vinieses a recibir, o no.
Entré.
Dije hola.... varías veces además.
No respondías. Te escondías de mi. Pensé que todo esto era una broma. Hasta que la puerta se cerró de un portazo, y tu apareciste por mi espalda. Cruzaste tus brazos por mi cintura.
He esperando tanto tiempo este momento -me susurraste-.
Me di al vuelta, y te vi. Eras preciosa. Llevabas el camisón más bonito de la historia.
Te diste cuenta de que te escaneaba con la mirada.
Debajo no llevo nada -añadiste-.
Me descolocaste por completo.
No vengo a follar -te dije-.
¿Y? -respondiste-.
Nos sentamos en el sofá. Un sofá de pelo azul. Tenías la casa más bonita que he visto jamás: muy bien ordenado todo, decorada a buen gusto. Tenías fotos que yo he colgado alguna vez en mi blog, colgadas por tu pared. Me di cuenta que en tu pared quedaban mejor.
Cogiste un libro muy grande. Lo pusiste sobre mis rodillas. Ábrelo -me dijiste-.
Lo abrí: era mi blog, hecho un libro. Todos mis relatos, mis historias, mi día a día, mis fotos, formando un bonito libro.
También tengo los vídeos, mira -me decías- señalándome un DVD que venía por dentro, en las pastas del libro.
Estaba alucinando con todo eso.
Pensaba: ahora es cuando me atará, me violará o me torturará. Es una fanática, me va a encerrar en alguna habitación y me va a dejar ahí dentro sin comida, sin nada. Hará conmigo lo que ella quiera. Y será mi culpa por venir a la casa de una admiradora que solamente me quería conocer y no, no creo que solamente quiera conocerme, no es normal que su casa esté toda llena de mi: que al fin y al cabo no me conoce realmente: solo conoce de mi lo que escribo.
-No te asustes, no soy una psicópata -me dijiste, mientas bebías cerveza-.
Yo no estaba asustada, pero no entendía que quería de mi.
- ¿Qué quieres de mi? -pregunté por fin-.
Verás, quiero que te sientes ahí, en esa mesa, delante de ese ordenador: que escribas.
Que me escribas algo bonito: que escribas una historia de amor en la que yo sea esa persona que deseas cada noche a tu lado.
Me senté allí. Le escribí su historia. La imprimió. Se sentó en el sofá de pelo azul, con las piernas entre abiertas y se le veía todo el coño. Fue en ese momento cuando perdí el miedo en esa casa. Me senté a su lado, en el sofá de pelo azul. Le empece a acariciar el pelo, mientras leía y bebía cerveza.
Le besé en el cuello, le mordía la oreja. Sin dejar de sostener con una mano parte de su cara.
La besé en los labios, y tiró los papeles con mi historia al suelo. Pronto nos encontramos inmersas en una oleada de sensaciones. Sentía como su deseo me quemaba la piel.
-Follemos por favor -me pidió-.
-Vamos a hacerlo.. -le dije-.
Cuando terminamos de follar me dijo que me quería. Y yo le dije que tenía novia, y que le acaba de poner los cuernos con ella. Que qué iba a hacer ahora con esta sensación que tenía en el cuerpo de auténtica hija de puta, por haberle puesto los cuernos a mi novia, con ella.
Comencé a llorar, y a llorar. Creo que ella se asustó. Porque realmente estaba llorando con infinito dolor.
Fue entonces cuando ella gritó:
-GATO DE ESCAYOLA.
Entonces, yo la mire, y me sequé las lagrimas.
Abracé a mi novia y le dí las gracias por pronunciar esas tres palabras y parar el juego.
Mi novia me abrazó. Hicimos el amor "otra vez".
A veces, nos da por jugar a juegos de este tipo.
Innovar en la cama, a veces, es bueno.
Luchando contra mi Onicofagia
He dejado de comerme las uñas (también llamado Onicofagia), y desde entonces, mis ganas de sexo han aumentado.
No sé a que se debe. He pensado que quizá tengo que tener las manos ocupadas en otra cosa, en otro sitio: que no sea mi boca y mis dientes.
Lo he intentado todo me he dicho de comenzar a escribir todo lo pendiente para ambos concursos, pero no sé porque termino viendo vídeos de tías que me gustan en Internet.
Me falta concentración.
Y si pienso en sexo me da hambre. Un hambre de comer cosas dulces, que es superior a mi.
No se que hacer.
Estoy pérdida:
Porque estoy delante del ordenador: y no como, no follo y no escribo.
No hago nada. Solo intento no comerme las uñas, porque si me las como me traiciono a mi misma y a mi palabra.
¿Qué hago?
Da igual, es Navidad.
Huyo de la Ciudad: se llena de pequeñas luces que me ciegan. Que no me dejan ver.
Huyo del consumismo, de largas colas en supermercados, de mi Madre sacando la cubertería nueva y el mantel rojo y blanco, de las copas que no se deben de romper, de la comida que solo nos saciará el hambre.
Huyo de la gente que solo da limosna en Navidad: ni que la gente sólo fuera pobre en Navidad -pienso-.
Huyo de las cenas de Navidad, de los "prospero año nuevo".
Apago el móvil o lo dejo fuera de cobertura. Lo rompo o lo tiro al mar.
Huyo de los niños que sueñan con juguetes, que no saben lo que quieren. Que lo quieren todo y no quieren nada: porque los niños no saben lo que quieren.
Estamos enseñando a los niños que la Navidad es esto: compras, comidas y familia (rota) que se reúnen para comenzar el año mintiendo (se).
Lo que yo quiero no me lo puede regalar nadie: porque yo quiero que la Navidad no exista. Que desaparezca. Porque desde que mi familia se rompió la Navidad también lo hizo, desapareció.
Si tuviera dinero -miento- sería igual que vosotros, me metería en unos grandes almacenes: saciaría mi vena consumista. Sería una de las vuestras, una más, en esa cola infinita donde todos parecemos robots programados.
-130 euros, porfavor -dice la cajera-.
-Da igual, es Navidad -digo-.
No me extraña que luego haya cuesta de Enero. Lo que hay es un precipicio. Caeremos por el algún día. Todos juntos, como en las colas de los supermercados o grandes almacenes, en cola, uno a uno: nos suicidaremos, para reencontrarnos con nuestras cuentas corrientes muertas.
Da igual; es Navidad.
La gente llena los frigoríficos, el mío hace poco estaba vacío, y yo aún así era feliz. Aprendí a ser parte de él. El estaba tan vacía como yo. Me comparaba con mi frigorífico. El me miraba, le veía los ojos, llorosos, era el congelador, que se estaba descongelando de pena. Su vacío hacía eco en la casa y no me daba miedo.
Miraba por la ventana. El frío me tocaba. Me pegaba. En aquella calle no había luces de Navidad, era una cueva: aquel apartamento era perfecto para esconderte y huir de la Navidad. Por eso era tan caro. Sigue en alquiler: 1000 Euros el mes. Allí, puedes respirar tu propia soledad todo el rato. Nadie tocará a tu puerta. Tendrás vecinos imaginaros que harán ruido de verdad. El cartero no llega allí, por lo que no recibirás ni cartas, ni postales. Mejor.
Allí no nieva, no hay niños cantando y haciendo muñecos de nieve. Solo hace frío si sales a la calle a tirar tus desechos, si no, puedes encender la calefacción y meterte debajo de una manta a esperar a que la Navidad se vaya.
El 10 de Enero saldrás de allí. Pagarás el alquiler y te habrás librado de la Navidad un año más.
Un año estuve allí. Salí como nueva. Me desintoxiqué de la Navidad totalmente. Por eso, este año: salgo a la calle, me zambullo en las interminables colas, canto "navidad, navidad....dulc...." y no me entra el pánico.
Este año no estaré tan sola, como aquel año:
Nota: He cambiado tanto desde aquel Diciembre de 2006. En todos los sentidos: me siento orgullosa de mi misma.
Vaya pelos tenía. Vaya pintas (hacía un frío increíble en esa casa).
Este año, será todo distinto.
He descubierto...
Les he conocido hace poco. Pronto tendré el CD completo y seguramente será el CD que me acompañará por las mañanas, camino del trabajo.
Me gusta su música, su letra, sus voces.
Me gustan. Cuando les escucho una sensación extraña me inunda: y me encanta.
