Las olas del mar y un relato corto



Cuando era pequeña, mi madre, no me dejaba nunca acercarme sola a la orilla. Decía que podía venir una ola y llevarme.
-Pero mamá, la ola no me puede llevar, yo soy más grande que la ola..... -le decía, mirándola con los ojos bien abiertos-.
Me sentaba bien lejos de la orilla y desde allí tiraba piedras al mar.
Nunca he estado apunto de ahogarme en la playa los días de fuerte oleaje, porque siempre recordaba las palabras de mi madre, y aún sabiendo que yo era más grande que la ola les tenía un gran respeto y nunca me acercaba a la orilla.
Un año más tarde, una niña se ahogaba delante de mis propios ojos. Se ahogó porque se empeñó en darse un baño. Ese día había olas, pero no eran demasiado grandes. Mi madre me prohibió el baño, y yo me quedé en la orilla, haciendo castillos de arena, intentando descubrir que había debajo de tanta arena:
-¡¿mamá?! ¿qué hay debajo de la arena? -le pregunté-.
*Agua, mucha agua - me respondió mi madre-.

Yo quería ver ese agua, mucha agua..

No la veía, y la tenía delante de mis ojos.

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Triste banco (breve relato).

Ella se sienta siempre en el mismo banco. Siempre cruza las piernas y entrelaza sus manos. Amó demasiado y por eso tiene el corazón roto. Su corazón está roto, y a cada paso caen trozos rojos, como pétalos de rosa marchitos, de su pecho.
Ella tiene la cara blanca, como un folio en blanco. Yo la miro desde el banco de enfrente, quisiera pintarle una sonrisa, en esa cara blanca: una sonrisa rosa. La miro despacio, porque para conocer bien a alguien hay que mirarle previamente muchas horas. Yo la llevo observando 34 días, con sus respectivas horas. Ella me ve. A pesar de que me escondo detrás de mi cara seria, y mi mirada perdida. Ella (no) nota que la miro, porque cada vez que me mira, desvío mi mirada hacía otro lado.

Ella suspira. Llora. Se limpia la nariz. Come un bocadillo con sus manos temblorosas. Se vuelve a limpiar la nariz. Bebe agua. Suspira. Mira a la izquierda, a la derecha, de frente (yo giro mi cabeza a la izquierda).
Cada día, ella acude a comer al mismo banco, y yo al mio. Las dos solas. Solas con nuestras respectivas comidas. Se cuando está nerviosa y cuando no, porque cuando está nerviosa come muy rápido y cuando está tranquila, come lenta y bebe más agua.
Yo hasta el primer día que la vi comía en 15 minutos, ahora termino a la par de ella. Si ella se levanta del banco yo me levanto. Si ella se queda sentada, yo me quedo sentada, detrás de mis gafas de sol, mirándola fijamente.

A veces quisiera ir a su lado, preguntarle que es lo que tanto le apena: pero nunca lo hago.

Ella lleva 3 días sin venir a comer al mismo banco, y yo sigo ahí, comiendo despacio, mirando de un lado a otro por si la veo llegar, pero nunca llega.
El cuarto día lo decidí. Me senté en su banco. Ahora miro el mio, que está vacío. Desde su banco puedo sentir tristeza: tristeza porque la echo de menos, tristeza porque se come triste sin nadie a quien mirar, tristeza porque es triste no haberle dicho nunca nada.
El quinto día falté yo. Decidí no ir mas a ese banco, porque ese banco estaba lleno de tristeza.
El sexto día comí en el comedor, y luego fui a sentarme en mi banco de siempre a tomar el sol.
Bastó cerrar los ojos un momento para sentir una mano fría en mi brazo descubierto.
Miré y allí estaba: era ella, y estaba casi igual.
Se sentó a mi lado, en mi banco. Me dijo que hacía días que me veía comer sola, y que nunca se atrevía a acercarse a mi.
Yo quedé tan blanca como ella o más. Ella me miraba y tuvo que alucinar con mi cara de boba.
Y yo más aluciné cuando el séptimo día comimos en su banco, las dos juntas, contándonos nuestras vidas, y llenando aquel banco,que soportaba tristezas, de alegrías.
Pasaron los días.
Su color de cara cambió. Y ya no soltaba pétalos marchitos de su corazón. Ahora tiene un corazón nuevo, de color rojo fuerte. El otro día me acerqué a darle un beso en la mejilla, y me sorprendí porque giró la cabeza, y nos lo dimos en los labios.
Mi banco sigue vacío.Aunque ahora de vez en cuando, se sienta alguien que sospecha que estamos juntas, porque cada día comemos más rápido para poder cogernos de la mano durante más tiempo.

FIN.

5 comentarios:

María (Luna) 31 de octubre de 2007, 13:39  

Mmm estas inspirada. Me han encantado, sobre todo el priemer relato.

Y que decir de la cabecera ¿eres tú?


Bss

eigual: 31 de octubre de 2007, 15:40  

maría (luna):Sí, muy inspirada. De hecho ya estoy preparando algo para escribir esta noche.
La de la cabecera... no, no soy yo.
Yo estoy más buena, y muerdo mejor...jajaja.

Gracias guapa.

Besos para ti también.

Sandra 31 de octubre de 2007, 21:58  

Hola pollito (para mí ya siempre serás un pollito atado por una cuerda). Me ha gustado tu relato. Tal vez deba escribir yo alguno ya que soy incapaz estos días de pensar en un tema o mejor dicho, soy incapaz de dejar de pensar en un tema.... y ya no pienso en nada más. Me sentaré en un banco a llorar, a ver si alguien me da un beso.

Sinrof 4 de diciembre de 2007, 15:53  

El segundo está entretenido, aunque tiene un par de tópicos que le sobran.

Un saludo

Luna Carmesi 8 de enero de 2008, 9:21  

Bonitos relatos.
Me han gustado los dos.

eigual

Empecé a escribir este blog en una época bastante importante de mi vida. Aquí he escrito poemas y relatos. De la única forma que se. Hace poco me mude a www.escriboaqui.es con las mimas ganas de escribir que nunca. Con nuevos proyectos y sueños. Disfruta de todas las palabras que se quedaron aquí.