Indecisión

La luz de la mañana entraba por las rendijas de las persianas y el café se calentaba contagiándolo todo con ese aroma a madrugada.
Ella todavía no estaba despierta. Le gustaba demorarse unos minutos después de que el despertador hubiera sonado, en un intento desesperado de sentirse dueña de su tiempo, alargando el letargo bajo las sábanas. La decisión está tomada. Le abandonaba. Cinco años son suficientes para comprobar, confirmar y asumir que lo nuestro no funciona.
Que tal vez hubo un tiempo en que pudo ser, que fuimos moderadamente felices y que al mirarnos a los ojos había cierta complicidad compartida. Que luego todo pasó a formar parte de pequeños momentos, para terminar olvidándose en el cajón, junto a los recibos del agua, de la luz y la hipoteca.
Tenía las maletas preparadas junto a la puerta. Cuando ella se levantara dentro de unos minutos se encontraría confusa y no quería estar allí para enfrentarme a sus preguntas. No me atrevería a mirarle a los ojos, ni a balbucear excusas. Siempre fui una cobarde absoluta. Por eso le estoy escribiendo una carta. Hago un repaso mental de las veces que he intentado dejarle. Con esta son tres. Esta vez lo voy a conseguir. Estoy casi segura. En la carta le digo que necesito tiempo, tiempo para mí, tiempo para pensar, tiempo que recuperar. Que hemos sido muy felices pero que necesito algo más que ya no encuentro en sus abrazos. Que no me gusta dormir siempre en el mismo lado de la cama.

La cafetera silva avisándome de que se me acaba el tiempo. Termino la carta y me da por llorar, y una lágrima irónica moja la palabra amor emborronándola y deformándola. Siempre lloro.
Retiro el café del fuego y lo pongo junto a las tostadas. A ella le gusta muy cargado.
Me doy la vuelta y allí esta ella.
Me da los buenos días con un beso y se sienta a desayunar.
Luego me cuenta que hoy tiene poco trabajo y que si quiero ir al cine esta tarde a ver esa película que tantas ganas tenía de ver.
Se me queda mirándome y me pregunta si he llorado. No.
¿Y qué te pasa? Nada.
Mientras ella se ducha deshago la maleta y escondo la carta en mi bolso, junto a las otras dos cartas que nunca leyó y que siempre dicen lo mismo.
Tal vez otro día.

8 comentarios:

Anónimo 14 de mayo de 2008, 23:11  

Sí, hija, sí; "tal vez otro día". Esto es lo que debieras decirte cada vez que te entren ganas de escribir

otro anonimo 15 de mayo de 2008, 8:50  

jajajajajajajaja

Anónimo 15 de mayo de 2008, 12:27  

Qué triste es no atreverse a contar las cosas a tu pareja...

y qué triste es tener anónimos tan fieles a la par que tratan de fingirse seres superiores. Ánimo con el blog, me encanta como escribes, no lo dejes "para otro dia" eh?

Atlanthis 15 de mayo de 2008, 12:29  

...falta ése post sobre Valencia...

Di 15 de mayo de 2008, 15:33  

Auch, como dicen por ahí: "No siempre lo correcto es lo más facil"...
Tal vez tengan razón y lo necesario sea escoger la felicidad de uno mismo antes q la de los demas

La Dulce Pena 15 de mayo de 2008, 16:09  

A veces, un simple beso deshace todos nuestros planes, y actuamos en un sentido, que no sabremos si será el correcto.

Pero, es cierto, que no podemos dejarlo todo para otro día, porque talvez, sea tarde, talvez, la mentira se siga alargando...
Y eso, no beneficia a nadie...

Bss

Anónimo 15 de mayo de 2008, 18:00  

Siempre hay una friki aireando sus pajas mentales por internet y un defensor pajero. Es matemático.

eigual 15 de mayo de 2008, 23:51  

No pienso dejar de escribir ni un sólo día.

Atlanthis, el post de Valencia, je je ¿cuándo A, piso ....? ja ja.. Un saludo a todos.

eigual

Empecé a escribir este blog en una época bastante importante de mi vida. Aquí he escrito poemas y relatos. De la única forma que se. Hace poco me mude a www.escriboaqui.es con las mimas ganas de escribir que nunca. Con nuevos proyectos y sueños. Disfruta de todas las palabras que se quedaron aquí.