La puesta de sol

Era la primera vez que pasábamos tantas horas juntas, sin poder despedirnos, con lo fácil que es decir hasta mañana. Tú me mirabas, sonreías, y tu sonrisa se enredaba con tu pelo, por culpa del viento, o por culpa de mis ganas. De las ganas que tenía de coger tu mano y no soltarla hasta decirte que yo no he inventado esta locura: la de empezar a quererte. Y que tampoco he inventado un día sin despedidas. Que no tengo la culpa ( y de tenerla, prefiero tenerla contigo, que la tengamos las dos), de que estebamos bajo la misma luz, bajo el mismo cielo, y no tenga ni quiera tener ganas de decirte hasta mañana, o simplemente adiós.
Cada vez que hablas. Cada vez que me hablas de esas pequeñas cosas cotidianas del día a día, esas cosas que solo pareces ver tú. Que las aprecias con todos los sentidos. Y me las cuentas con tanta entrega, que parece que también yo las esté viviendo. Por eso leo tus ojos, aunque quisiera escribir un poema, el mejor, sobre ellos, y derramar todas las palabras bonitas por tus labios rosas que me producen escalofríos con solo mirarlos.

Me hablas de tus manos vacías. De tus noches a solas. De tu imaginación, de esa que vuela por tu habitación y que conviertes en sueños. De los amores que se fueron, y de los que nunca llegan. Me dices que el amor no se ha inventado para ti. Y te pido permiso para no creerte. Y te ríes con esta tendencia tan mía de hacer el tonto. Te doy una charla sobre el amor. Y te me quedas apoyada sobre el hombro. Me dices que nunca has visto una puesta de sol con nadie, que nunca, que jamás nadie te escuchó, ni se preocupo por las mismas cosas que tú. Me confiesas que has amado a una persona en silencio, que las has deseado con todas tus fuerzas. Que has escrito su nombre en cada rincón de tu casa, que la has llamado en silencio, y que en noches frías has abrazado la almohada simulando que se trataba de su cuerpo. Me quedo mirándote, sin saber que decir. Hasta que destrozo el silencio tan bonito que se forma tras tus palabras, para decirte que tú eres la única persona que me ha dejado en blanco, e incapaz de pensar en la siguiente tontería para hacer o decir. Que eres la única que consigues callarme. Me preguntas si es bueno o malo y ahora si que es verdad que me pierdo, y solo puedo quedarme como una tonta mirando al infinito.

Rompes el silencio, el mío, el tuyo, para decirme que se está poniendo el sol. Yo, como soy algo corta tardo en recordar lo que hace instantes me acabas de contar. Te digo que entonces soy la primera persona que va a ver contigo una puesta tan bonita como la de hoy. Y me respondes que ya no hay salida. Nos quedamos mirando el infinito, mezclando nuestros ojos con los colores que se forman en el horizonte. Si ahora mismo, alguien, detrás nuestra, intentase tomarnos una foto, quedaría mi mano fotografiada, acercándose a tu espalda, para acercarte más a mi y atraparte en un abrazo. Pero mi mano queda congelada, al igual que hubiese quedado en esa foto que nadie tomará.Es la puesta más bonita que he visto jamás, y mira que he visto puestas de sol con varias personas.
Dicen que del silencio nacen las mejores palabras, bueno, esta frase me la acabo de inventar. Sí. Pero en este caso me viene de perlas. Porque gracias a ese silencio me preguntaste, así, sin más:
-Esto... ¿no me vas a preguntar a que persona amo en silencio?
El silencio volvió, pero esta vez más largo aún.
Noté un cosquilleo por los pies, que me subió hasta el estómago, quiso salir por la garganta pero no le dejé, así que volvió a bajar,y allí se quedo. En medio del estómago. Sí, formando eso que llaman "mariposas estomacales": uf, como suena, menuda enfermedad.
Tu mano, tu brazo, me rodeó la espalda. Y quise que me tragase la tierra, o que la puesta de sol terminase pronto, para quedar a oscuras, para que ella dejase de ver la cara de gilipollas que tengo. La cara de imbécil. Por qué había tenido que ser ella y no yo. Cuando minutos atrás mi mano quedaba congelada tras su espalda. Por qué. Por qué. Por qué. Dios.
La miré a los ojos:
-¿A quién amas en silencio...? -le pregunté-.
La puesta de sol desapareció con mi pregunta. Mi mano dejo de estar congelada, y pasó a posarse sobre su espalda, por fin.
Y allí, justo allí, comenzó la noche.

1 comentarios:

La Dulce Pena 31 de mayo de 2008, 9:31  

Joder.. eigual, no es bueno leerte tan temprano, porque se me saltan las lágrimas de la emoción, de la historia...

Voy a pensar que es verdad, que te pasó a ti, porque algo tan hermoso ha de ser verdad... es la forma más hermosa de empezar una relación que he visto/leído/vivido en toda la vida. Así que si es ficción, no me lo digas, y déjame que siga soñando...

Y ahora me dejas pensando... ¿Yo he visto puestas de sol "especiales" y "acompañado"...?

Muchos besos guapa

eigual

Empecé a escribir este blog en una época bastante importante de mi vida. Aquí he escrito poemas y relatos. De la única forma que se. Hace poco me mude a www.escriboaqui.es con las mimas ganas de escribir que nunca. Con nuevos proyectos y sueños. Disfruta de todas las palabras que se quedaron aquí.