El quitavidas

Regresaba de trabajar. Conducía su coche rojo metalizado, casi recién sacado del concesionario. Él, el hermano de mi padre, el que me enseñaba a sacar muñecos de la máquina del gancho. El que me cogía en brazos y con suma paciencia me acercaba a la máquina, yo le señalaba el muñeco y siempre me lo conseguía, después de varias monedas. Era igual de guapo que mi padre, y aunque eso de igual, tengo que decirlo. A veces le confundía y le llamaba papá, luego, me quedaba mirando detenidamente su cara, intuyendo, que no era mi padre, y cambiaba, y le llamaba tímidamente "tito". Él reía. Siempre tenía una sonrisa para mi, y para todo el mundo. Tenía una novia, rubia, guapa, muy guapa. Se casaban en un año. Toda la familia, le tenían como el hijo, más pequeño, y más responsable, porque era el pequeño de 11 hermanos. Siendo el pequeño, ya tenía trabajo estable, un piso comprado que le entregaban en unos meses, una novia con la que tenía planes de boda, era atento, era formal, era buen hermano, buen tío, buen hijo: lo era todo. Todo lo que a muchos de nosotros nos gustaría ser.

Esa noche no había dormido nada, había estado trabajando (su trabajo le obligaba a conducir muchas horas, a desplazarse a otras ciudades). Así que a las 5 de la mañana volvía, por la autovía, "quería llegar pronto a casa, para aprovechar el día". Eso le dijo a su novia. Los ojos le escocían, se los frotó varias veces. La vista se le nublaba, pero no quería parar: quería llegar pronto. Si paraba, perdía el tiempo.
Y el tiempo se perdía en ese momento. Y no solo el tiempo, sino su vida entera.
Cerró los ojos, unos segundos, lo justo para que el coche se precipitase por un trozo pequeño de carretera a la que le faltaba quita miedos (cuatro metros sin quita miedos, por ahí coló). Cayo al vacío. Su coche rojo voló por el cielo unos instantes, hasta caer, y según dijeron los médicos, él se dio cuenta de todo, pero murió al instante, al impactar contra el suelo. Con tan mala suerte de caer bajo un puente.

Lo daban por desaparecido. Toda una semana de búsqueda, preguntándose ¿dónde y por qué?. La policía preguntó a sus familiares, a su novia, si podía tener algún motivo para dejarlo todo e irse donde nadie pudiese encontrarle. Ellos lo negaron. "Nos vamos a casar el año que viene, todo está bien, y hablé con el por teléfono justo antes de que cogiese el coche, me dijo: Cariño voy ya para casa, que quiero dormir y aprovechar el día contigo. No se ha fugado. No me habría mentido de esa forma. Le ha pasado algo, y no es algo bueno, precisamente. Hay que encontrarlo".

Y lo encontraron. Bajo el puente. Muerto. Llevaba una semana muerto. ¿Cómo no lo vieron antes?. El coche estaba demasiado echo pedazos. Menos mal que era rojo - dijo, un policía - de no haber sido así, no hubiese llamado la atención, y quizá, todavía andaríamos buscándole.
Cuando le dieron la noticia a sus familiares, éstos, se derrumbaron, pero al menos, la pesadilla había terminado, o no había hecho, más que empezar.



* Dedicado a mi tío, al cual, a día de hoy, aún echamos de menos.

2 comentarios:

juanjo 26 de agosto de 2008, 23:09  

Un abrazo muy grande, guapa

La Dulce Pena 27 de agosto de 2008, 11:12  

He estado leyéndolo, y, pensando que no era real, como otras tantas veces... pero, tantos detalles me hacían presagiar lo peor, lo que he confirmado al leer la última frase.

Me has vuelto a estremecer...

Lo siento, espero que poco a poco vayas estando mejor, día tras día, es imposible de borrarlo todo y estar como ants, pero, con el tiempo, quizás estés mejor que cuando ocurrió....

Besos

eigual

Empecé a escribir este blog en una época bastante importante de mi vida. Aquí he escrito poemas y relatos. De la única forma que se. Hace poco me mude a www.escriboaqui.es con las mimas ganas de escribir que nunca. Con nuevos proyectos y sueños. Disfruta de todas las palabras que se quedaron aquí.