No fue un accidente

Juan despierta con la camiseta blanca de María pegada al pecho.Va a la cocina y prepara café. Se queda un rato con la taza azul de María, en la mano, que va resbalando por sus dedos, hasta caer al suelo y romperse.Juan recoge algunos pedazos del suelo, mientras la cafetera grita. Al servir el café lo derrama, se quema un dedo y grita. Va al baño, saca del armario de espejos el perfume de María y lo llena todo con su olor. En la radio se escucha la canción que ella siempre tarareaba en el baño. Y Juan, después de 10 días, por fin, comienza a llorar. El café se enfría, los gatos juegan con los trozos de taza que quedaron en el suelo. Y la casa, toda la casa, huele a María. Y Juan, como un loco grita por la ventana, grita por la casa. Descuelga el teléfono y grita. Baja hasta la calle, en camiseta y calzoncillos y grita. Sube las escaleras y grita. Los vecinos abren las puertas para ver que pasa. Y Juan los ignora. Grita. Grita. Y grita. Cuando vuelve a casa, todo huele a María. Y Juan cae en el suelo del pasillo. Llora. Llora de impotencia, llora de soledad, llora de amor, llora de desesperación. Va al baño y coge una cuchilla. La apoya en una de sus muñecas y grita. Llama a María y se pregunta ¿por qué? ¿por qué? ¿por qué?. Tira la cuchilla al suelo. Va a la habitación, abre el armario de María, y saca su ropa. La tira por el suelo y se tumba sobre la ropa. Se agarra a la ropa, a los recuerdos, al olor de la ropa, al olor de María. Se levanta del suelo, y camina por la casa, coge una foto de los dos, sonrientes, de cuando todo estaba bien, de cuando María aun no se había ido. Se pega la foto al pecho y llora. Ya no grita, ahora llora su nombre por los rincones de la casa. Enciende la televisión: las noticias de las tres anuncian accidentes de tráfico. Y Juan vuelve a gritar: Mi novia no tuvo un accidente, a mi novia la mataron.
La mató un coche, una persona que respondía una llamada del móvil, y entre risas y despistes, perdió el control del coche y se estrelló contra el coche de María. Ese hombre sigue llamando y recibiendo llamadas, pero Juan no podrá llamar nunca más a María.

2 comentarios:

El navegante 5 de agosto de 2008, 0:21  

Un post trágico pero impactante a más no poder.

Cada vez que oigo la frasecilla "no hago esto en el coche porque me multan" respondo recordando que una imprudencia puede ser la muerte. Pues ni por esas.

La Dulce Pena 8 de agosto de 2008, 18:37  

Me has estremecido... un escalofrío me ha recorrido la espalda. Estoy con el navegante, no es porque te multen es porque te puedes matar o matar a otra persona, el ser querido de alguien...

Ese alguien que sueña con oír la voz de sus seres queridos, su amor, sus padres, su familia... y por culpa de una llamada, ya no podrá volver a sentirlo, ni podrán volver a sentirla...


Me ha encantado el post, tú sí que escribes bien...

eigual

Empecé a escribir este blog en una época bastante importante de mi vida. Aquí he escrito poemas y relatos. De la única forma que se. Hace poco me mude a www.escriboaqui.es con las mimas ganas de escribir que nunca. Con nuevos proyectos y sueños. Disfruta de todas las palabras que se quedaron aquí.