Terraza

Estaba escribiendo en el ordenador, descalza, y sentada en una silla muy incomoda. En pantalones cortos y camiseta de tirantes. Eran las 8 de la tarde, el sol se despedía del día. Me gustaba salir a la terraza y mirar los coches que circulaban por la autovía. Se veían tan pequeños. Siempre me preguntaba por el destino de cada uno de ellos, allí, cuando me invadían aquellas ganas de conocer lugares nuevos, personas diferentes, o un amor.
Aquella terraza tenía algo mágico. En ella había sido feliz muchas veces. Sentada en el suelo de esa terraza he tenido las conversaciones más interesantes por teléfono. He llorado, también, allí sentada. E incluso, allí, en el suelo sentada o tumbada, he estado acompañada de alguien a quien he sido incapaz de no besar. Aquella terraza estaba fría, muy fría en invierno. Y caliente, muy caliente en verano. Pero en invierno, si le daba el sol durante el día, te podías sentar y calentar todo tu cuerpo. Y en verano, por la noche, si te sentabas, te refrescabas entera.
Recuerdo haberla llamado por teléfono, en noches de luna llena, cuando nos separaban un montón de kilómetros. Y recuerdo haber atravesado el tiempo, el espacio y la distancia, allí tumbada en aquella terraza, mirando al cielo con los ojos cerrados. Recuerdo haber dejado mi cuerpo sereno, tumbado en el suelo helado o caliente, y haber viajado hasta su lado. He podido pasar mis dedos cerca de la comisura de sus labios. Y lo más increíble, o difícil de creer, es que ella también me sentía a su lado. Allí, desde su sofá rojo, donde tantas veces yo le habría cogido la mano con fuerza y la habría besado, en silencio, otras tantas.

Aquella terraza pertenecía a mi habitación, y puedo decir, que pasé más horas en ella, que dentro de mi habitación, donde os aseguro que he pasado horas y horas, escribiendo frente al ordenador. Y hoy me vienen recuerdos. Me llegan imágenes de la vistas que desde allí se podían contemplar, si cierro los ojos y me concentro, puedo incluso escuchar el ruido de los coches circular por la autovía. Y si me concentro más aún, puedo llegar a creerme allí sentada, sintiendo el frío o el calor en mi trasero. Puedo percibir incluso olores: el olor a baldosa mojada. O el olor de la ropa recién tendida.

A veces quise saltar desde aquella terraza, si no hubiese sido, porque estaba demasiado cerca del suelo. Otras, solamente me sentaba en un rincón a llorar, o a echar de menos a alguien. El día que me fui de casa eché de menos la terraza. Porque, es difícil de explicar, pero en las noches de verano de Agosto, cuando el calor nos asfixia el cuerpo y el alma, salías a aquella terraza y respirabas aire limpio y fresco. Era en noches como esas cuando sacaba el colchón y dormía sobre el, en la terraza mirando las estrellas. Aquella sensación, no se explicarla, con palabras. Tendrías que haber estado conmigo allí, tumbado boca arriba sobre mi colchón, entonces me entenderías.
Y pensaba que era yo únicamente quien sentía aquella terraza como "especial", pero cierto día, varias personas me hablaron de lo mismo. Personas que como he contado anteriormente estuvieron conmigo allí sentadas, en el suelo frío o caliente.

Hoy no tengo esa terraza. Tampoco tengo para pagar esa hipoteca. Hoy tengo otras cosas, que podría decir que superan a esa terraza y a todo lo que allí aconteció. Sin embargo, en Septiembre, cuando vuelva a casa, subiré las escaleras de tres en tres y la primera noche me tumbare en aquel suelo (supongo que seguirá siendo fresquito en noches de verano) y miraré las estrellas. Y te llamaré. Y volveré a ser aquella niña de 19 años que enamorada, hablaba por teléfono, a los mismos kilómetros de distancia que años atrás.
Lo que cambia no son las cosas, porque las cosas siguen estando ahí. Lo que cambia somos nosotros y nosotros cambiamos las cosas.


3 comentarios:

La Dulce Pena 8 de agosto de 2008, 22:51  

¿Porqué todo lo que escribes es mágico? Una terraza que a simple vista parece normal, tú haces que sea distinta, la vuelves especial... consigues que me entren ganas de estar en esa terraza a tu lado, escuchándo tus historias, y contándote las mías...

Me haces soñar...
Gracias

Besos guapa...

eigual 9 de agosto de 2008, 23:31  

la dulce pena: tu si que me haces soñar con todos tus comentarios. Muchas gracias por estar siempre ahí. Un abrazo, amigo.

juanjo 10 de agosto de 2008, 20:48  

Me encanta tu estilo, de verdad. Me pasaría horas leyendo tu blog.

Un abrazo

eigual

Empecé a escribir este blog en una época bastante importante de mi vida. Aquí he escrito poemas y relatos. De la única forma que se. Hace poco me mude a www.escriboaqui.es con las mimas ganas de escribir que nunca. Con nuevos proyectos y sueños. Disfruta de todas las palabras que se quedaron aquí.