Una historia de tantas

No te gustaba que hablase de ti en mis historias. Decías que lo nuestro tenía que quedar entre tu y yo, que no te gustaba que compartiese nuestras cosas con gente desconocida. Yo a escondidas escribía sobre ti. La gente me preguntaba por ti, y les contaba que te quería. Me decías que me querías: me mentías. Y yo buscaba tu cuerpo para revolcarme con el. Tu olor se colaba por los poros de mi piel y el sonido de tu voz permanecía en mi durante todo el día. Un día se terminó la ternura. Ya no me esperabas a la salida del trabajo. Siempre excusas para tapar mentiras. Lo que ocurre es que tu las tapabas con las hojas secas del parque y las hojas se volaron. Como volaron tus te quiero por la ventana, el día que no pudimos salvar nuestro barco, y se hundió.

Salí a la calle para desatar mi furia en los bares, para patear las farolas, para maldecir a la gente, a las parejas que se besan en los parques, a los hombres con maletines llenos de mentiras para su familia, que les esperan en casa con la mesa puesta. Tiré el rencor en el patio que se comunicaba con todas las ventanas de la casa.

Esa noche hice la cena : olvidando que no te gustaba el guacamole , y esa noche no comiste. Me miraste con cara de pena. Y yo aunque sabia que el barco se hundía hacia como si achicase agua, una y otra vez. Y tu te reías de mi: mirando como me ahogaba lentamente ¿verdad?.
Te ponía caras sonrientes en el espejo del baño.
-Ya no escribes cosas tristes -me decías-.
Tu no sabías que eso era lo único que escribía.
Pero para ti era la fuerte, la dura, la del corazón duro . Estabas equivocada. Nunca leíste nada mio, para ti hubiese sido demasiado triste.

Por eso, el día que me fui de casa, llené las paredes con pos-it de colores con frases positivas y alegres. Creo que te pasaste leyendo más de 1 hora y media. Me llamaste. Me dijiste: vuelve. Te dije que no. Que todo era mentira. Y no me escuchabas (como siempre), contabas los pos-it que aún colgaban de la pared y los juntabas todos haciendo un pequeño libro con ellos. Te revolcabas en una mentira. Y esperabas mi vuelta. Nunca volví.
Pero pronto alguien ocupó mi cama. Puso su cepillo de dientes en mi vaso de plástico rojo. Y te llenó la habitación de nuevas mentiras.
Me volviste a llamar : te echo de menos.
Pero yo a ti no.
Deja de mentir, te dije un día en el que ya todo me daba igual.
Comenzaste a llorar: fue la única verdad en 5 años y medio.
Ese día, lloré contigo.

[ escrito el 25-09-07. Y lo he querido rescatar, porque este texto tiene una larga historia]

2 comentarios:

sin cromosoma y 13 de agosto de 2008, 23:40  

uauuu...
bien por ti y por el día que te fuiste, porque fue valiente y, supongo, un paso adelante para las dos.
Suerte.

La Dulce Pena 18 de agosto de 2008, 19:34  

Las mentiras duelen... y las del amor, más...

PD: Me gustaría saber más sobre ese post, y esa historia, si es posible...

Besos

eigual

Empecé a escribir este blog en una época bastante importante de mi vida. Aquí he escrito poemas y relatos. De la única forma que se. Hace poco me mude a www.escriboaqui.es con las mimas ganas de escribir que nunca. Con nuevos proyectos y sueños. Disfruta de todas las palabras que se quedaron aquí.