Blanco

- Ven......... -me dices desde la cama.



El color blanco me fascina. Si tuviese que elegir un color para pintar el mundo sería el blanco. El blanco purifica. Nos limpia. Y también nos incita a pintarlo todo de colores.
Por eso te miro, desde la puerta, como si cruzar esa puerta fuese lo más hermoso que me vaya a suceder, como si lo supiese. Y no me atrevo a pisar tu habitación, porque lo que más me gusta es lo que más miedo me da tocar. No quisiera romperlo con mis manos, sin querer.

Me miras, me dices: Ven. Ven conmigo. Y a mi me cuesta andar. Y parece que disten kilómetros de tu cuerpo al mio. Con tu mirada, vas coloreando la habitación, hasta llegar a mis pies.
A mi me castigas, castigas la distancia que hay entre tu cuerpo y el mio. Me incitas a todo y a nada.
Y si tu mano te toca siento celos de ella. Quisiera tocarte yo, pero perdóname: no me atrevo.
No aprendí a acercarme a ti, todavía: sin desearte.
Cuando por fin doy el paso definitivo que me comenzará a acercar a ti, me siento en una cuerda floja, de la que si te miro caeré al vacío. Y me golpearé contra el suelo. Por eso intento que mis ojos no busquen los tuyos. Intento no mirarte aunque ese sea el reto más duro de esta cuerda floja. Me da igual.
Llegaré hasta a ti de la manera que sea. Sana y salva, para amarte.
Treparé por la cama, me agarraré de tu cintura. Y cuando llegue a la cima de tus pechos. Me detendré en ellos por unos instantes, para saberme triunfadora, al haber roto las distancia que nos separaba. Triunfadora porque tu aliento será mio ahora.
Te beso. Me meto en tu boca, como si meterse en tu boca fuese una tarea fácil, porque alejarse de ella, luego, se convierte en la tarea más difícil: en el poema más hermoso, jamás escrito por nadie. Tu boca, que me sabe a tarde de domingo, a chocolate caliente, a palomitas dulces. Tu boca, que se acopla con la mía y maldigo todo el tiempo que tarde en encontrarla. En tocarla.

En ese momento, escribo, mentalmente la escena. Y si me dejo algo, si me pierdo el cualquier párrafo, siempre se puede volver a empezar. Volver a sentir ese temblor que me produce tener tu cuerpo, tan lejos, y tan cerca, tan real y tan suave, tan tierno y cálido como esta tarde de domingo que una vez más transcurre a tu lado.

1 comentarios:

Luna Carmesi 8 de enero de 2008, 9:52  

Los polvos de la sobremesa del Domingo tienen un caracter especial.

eigual

Empecé a escribir este blog en una época bastante importante de mi vida. Aquí he escrito poemas y relatos. De la única forma que se. Hace poco me mude a www.escriboaqui.es con las mimas ganas de escribir que nunca. Con nuevos proyectos y sueños. Disfruta de todas las palabras que se quedaron aquí.