Cuando duele el amor: en la piel y en el corazón.

Me quería.
Si yo me movía, él se movía, seguía mis pasos y yo los suyos. Él decía , y yo decía no, y nos reíamos, como dos tontos enamorados. Si yo lloraba él me daba su hombro y me ofrecía sus palabras: siempre sabias y oportunas.
Yo le escuchaba: después de mi Padre, era el único hombre al que amaba.
Se lo decía: que le amaba. Se lo decía por las noches antes de dormir, se lo decía en notas que le metía dentro del bocadillo cada mañana. Y el me respondía. Me llamaba: que me quería, me decía, y yo me desbordaba de amor.

Siempre me escuchaba. Incluso dejaba de mirar la Televisión, su programa favorito para mirarme a mi y yo me sentía su princesa. Sentía que había encontrado la felicidad, el amor de mi vida, mi príncipe, ese del que me hablaban en los cuentos cuando era pequeña y no alcanza a entender, aún, el significado de la palabra amor. Con él aprendí a amar, a decir mis primeros te quiero bajo un cielo lleno de estrellas. Con el mi primera cita. Mi primer enamoramiento. Mi primer orgasmo.

Al cuarto año de novios nos casamos. Fue una boda espectacular. Familiares y amigos reunidos. El tan atractivo como siempre. Yo radiante. Vestida de blanco. Mis Padres llorando : se nos casa la hija -le decía mi Madre entre lagrimas a mi Padre, que era la primera vez que le veía llorar-.

La convivencia bien. Cada mañana despertar junto al hombre de mi vida: mi sueño. Y creo que el es feliz, porque cada noche me busca en la oscuridad con sus manos y su boca; me dice que me quiere: me hace suya.
Llevamos un año viviendo juntos. Se ha vuelto algo distante. Cada mañana se deja el bocadillo que con ternura y amor le preparo. El otro día me dijo: "no me vuelas a hace un puto bocadillo más, parece que solo sepas hacer bocadillos".
Y yo me quedé preocupada. Porque me quedo pensando qué comerá durante la mañana. El es jefe de obra, y me preocupa, porque su trabajo a veces resulta demasiado cansado.
Últimamente lo noto raro. Se comporta de una manera extraña. Protesta por todo. Ya no es cariñoso conmigo. No me da un beso cuando me ve. Ni me busca en la cama: me da la espalda.
Preparo la comida con cariño, se la sirvo en la mesa. Se sienta a comer conmigo: yo le miro enamorada, con ganas de sentirle cerca.
El me grita: "mierda, ¿no sabes hacer nada bien? esta comida está salada."
Me quedo mirando su cara, me mira con odio. Lo siento -le digo-. La próxima vez lo haré mejor.

Se levanta de la mesa dando un gran golpe con la silla. Ese golpe me golpea a mi por dentro.
Y así cada día, protesta, se queja, da golpes. Ayer estaba en la cocina, y llegó él. Abrió el frigorífico, gritó: "Joder, no sabes hacer nada bien, nunca hay agua fría dentro".
Me acerco a él. Tengo que pararle los pies: no quiero que me grite, no lo merezco.
Me acerco: ¿Qué te pasa?, tranquilo.....
Me golpea el brazo, luego el hombro, me grita: "quita de en medio imbécil".
La vena que tiene en la frente se le hincha y yo siento miedo, porque no le reconozco, siento que hay un extraño en casa y quiero huir.
Me voy a ir de casa -le digo-. No aguanto más esta situación, tu comportamiento.
Vete a la mierda -me grita-. Vete donde quieras pedazo de inútil, no sabes hacer nada bien.

Lloro por las noches, duermo en el sofá. Duermo en el sofá, siendo él quien debiera de hacerlo, pero le dejo a el en la cama, porque en el fondo me preocupa su descanso. A el le da igual todo, como si me muero sola de pena en el sofá por las noches, sufriendo esta situación, su ausencia, todo.
Llevo así una semana, durmiendo en el sofá aguantando sus gritos, sus malas formas, sus portazos. Ayer me lanzó un vaso cuyos cristales me rajaron la pierna. Y sigo aquí, esperando a ver si reacciona, pero no lo hace.
He adelgazado 10 kilos. En el trabajo me preguntan que me pasa. He faltado varias veces por culpa de la depresión que estoy cogiendo; como siga así me quedaré sin trabajo, me echarán. No lo puedo permitir.

Tengo que coger fuerzas de donde sea.

Y las he cogido. He ido al abogado: quiero separarme de mi marido -le digo-.
Si hablo con él, si se lo cuento corro peligro -le digo al abogado-.
Ponle una denuncia por malos tratos -me dice él-.
Pero no se la pongo, porque no quiero que tenga problemas. Yo solamente quiero separarme de él.
Por eso le cojo por banda y le digo que quiero hablarle de algo. Y se lo digo: me quiero separar de ti.
El se pone nervioso ¿quééééééé? -exclama-.
Golpea la mesa, tira la silla al suelo. No lo intentes -no me quiero separar-.
Esa noche me da una paliza; pero antes me humilla, me hace hacer y decir cosas que ni quiero ni siento.
Despierto dolorida, llorando. Me miro en el espejo. No puedo ir a trabajar con esta cara, con estos morados. Salgo a la calle, con las gafas de sol, llorando. Le pongo una denuncia.
Voy al abogado: me quiero separar, por favor, haga lo necesario para que sea lo más rápido posible -le digo al abogado-.
Voy a mi casa, hago mis maletas. Cojo lo justo y necesario. Llego a casa de mis Padres.
Me quito las gafas de sol, delante de ellos, mis Padres me miran, lo entienden todo sin palabras. Tranquila, hija, ya estás en casa. Me abrazan.


Ahora el vive en el piso que yo estoy pagando. El tiene otro piso, propio. Nos casamos con separación de bienes, pero él vive en mi piso, porque es donde acordamos vivir hasta vender su piso y el mio y comprar la casa de nuestro sueños. Pero ya no habrá casa. No habrá sueños.
Los sueños se han ido rompiendo, en cada paliza, en cada humillación. Ya no quiero cumplir nada a su lado.
El cada día me llama por teléfono. Me amenaza con que vuelva a su lado. Me llora por teléfono. Me intenta ablandar. En la terapia a la que voy "de mujeres maltratadas" me han dicho que no me debe de dar pena, que ahora, la "mala" por decirlo de algún modo tengo que ser yo. Que aunque le note arrepentido no he de rendirme a sus pies de nuevo, porque luego, la paliza será más fuerte.
Y yo me hago la dura. Aunque me duela que todo, de la noche a la mañana haya cambiado de forma tan repentina: aún me pregunto porque todo se ha jodido de esta manera, porqué hemos llegado a este punto, queriéndonos como nos queríamos.
Aún lloro por las noches, cuando me despierto en una cama que no es la mía: cuando no le encuentro a el a mi lado.

Pero sé, que nunca más volveré con ese hombre. Solo espero que la justicia actúe, que no lo haga demasiado tarde porque no me gustaría ser una más , un 1 más, en esa larga lista de mujeres que mueren a manos de sus maridos.
Solo quiero vivir. Y vivir tranquila.
Se me caen los pantalones (de lo delgada que estoy) y las lágrimas de lo triste que es todo esto.





Nota: historia basada en echos reales. Una compañera de trabajo: hoy, me lo ha contado todo. La abrazaba y sus lágrimas me han estremecido.
¿Te tomarás un café conmigo un día de estos? -me ha dicho-.
Claro que sí -le he dicho-. Uno y los que hagan falta.
Hoy ha sido mi último día en ese trabajo, y no se que me ha puesto más triste, si irme o si verla a ella tan triste, con su historia sobre los hombros: esos brazos tan frágiles, esas piernas tan cansadas y esas lágrimas que aunque le he secado con mis manos, se le han quedado pegadas en el rostro.
Y me he dicho: le voy a dedicar hoy este post. A ella, por valiente.

eigual

Empecé a escribir este blog en una época bastante importante de mi vida. Aquí he escrito poemas y relatos. De la única forma que se. Hace poco me mude a www.escriboaqui.es con las mimas ganas de escribir que nunca. Con nuevos proyectos y sueños. Disfruta de todas las palabras que se quedaron aquí.